Fernando Almeda
Propietarios: Fernando Almeda
Enólogo jefe: Fernando Almeda
Instagram: fernando_almeda_enologo
Contacto comercial: fernandoalmedaolle@gmail.com
Historia Con más de tres décadas de trayectoria, Fernando Almeda encarna la cuarta generación de una familia dedicada a la producción de vino y la tercera en tender puentes entre España y Chile. Su historia vitivinícola se remonta a su abuelo, uno de los muchos catalanes que emigraron a Chile a comienzos del siglo XX para aportar su oficio al mundo del vino.
La infancia de Fernando estuvo marcada por los inviernos en el Maule, vivencias que lo encaminaron hacia la formación en enología en España, siempre manteniendo un profundo vínculo con las viñas del secano maulino.
En homenaje a esta tierra y a sus raíces, decidió, después de 30 años de oficio, elaborar sus propios vinos en una bodega experimental en Curicó. Inspirado en su origen, trabaja con variedades españolas para crear vinos con carácter y personalidad.
Viñedos Las uvas que dan vida a los vinos de Fernando Almeda proceden de dos terruños singulares.
En Curicó, cerca del río Lontué, se plantó hace 14 años Albariño, una variedad aromática, de piel gruesa, resistente y rústica, capaz de producir vinos frescos, minerales y de gran acidez. Su vinificación sigue un enfoque natural y artesanal, sin intervenciones que alteren su carácter varietal. La cosecha temprana, la fermentación a baja temperatura en cubas de acero inoxidable con levaduras nativas y la crianza sobre lías durante ocho meses antes del embotellado dan como resultado un vino vibrante, perfecto para acompañar mariscos frescos, pescados blancos y preparaciones como ceviches y caldillos.
En Huerta de Maule, en el paraje conocido como Millavoro, se encuentra una viña familiar centenaria de Carignan, con parras ancestrales cultivadas en el secano interior sobre suelos de origen granítico. Esta variedad, también de piel gruesa, ofrece vinos estructurados, jugosos, complejos y con buena acidez. La vinificación se realiza con levaduras nativas y un pequeño porcentaje de racimo entero, manteniendo una maceración prolongada con sus pieles antes de ser descubado en tinajas de barro centenarias. Allí permanece durante un año antes de su embotellado y posterior afinamiento en botella. El resultado es un vino ideal para acompañar platos de sabores intensos y especiados.